Un viñedo es considerado adulto cuando alcanza entre los quince y veinte años de edad. En esta etapa, la viña se encuentra en su máximo nivel de producción. A medida que pasa el tiempo, las parras se irán cansando y produciendo menos.
Entre los tres y los seis años, la producción se estabiliza y la fruta ya puede ser comercialmente vinificable, siempre y cuando el clima no diga lo contrario.
Luego de pasar la adultez, la parra comienza un lento declive que la llevará a morir por vejez. Pero tal como en los seres humanos, la muerte depende de muchos factores. En situaciones sanas para el viñedo, en suelos con suficiente materia orgánica, con raíces que aún pueden respirar a pesar de las profundidades a las que han llegado, y en ausencia de pestes, hay ejemplares que pasan de los cien años. Este es el caso de los viñedos de donde proviene la uva que se utiliza para elaborar los vinos varietales Don Gonzalo.
En Argentina, como en todo el mundo, los viñedos viejos son escasos. Sin embargo, tratados con cariño, pueden ser la fuente de vinos inigualables en carácter, firmes y potentes, elegantes y equilibrados. En otras palabras, se trata de la sabiduría que dan los años.